EDITORIAL
EDUCACIÓN FÍSICA: CRISIS Y ACTUALIDAD
Dr. Maria P. Founaud Cabeza. Profesor Facultad de Educación. Departamento de Didáctica de la expresión musical, plástica y corporal. Universidad de Zaragoza. ORCID: https://orcid.org/0001.5853-4812 ,Correo electrónico: mariafou@unizar.es
Nos encontramos en un escenario de constante crisis en la Educación Física. El profesor Parlebas ya apuntaba hace más de 50 años que la educación física era una “malquerida”, pues todos la abrazaban pero solo para poder estrangularla mejor. Es decir, cada corriente educativa, cada tendencia social, se adueña de la educación física, sin pararse a pensar ¿qué es en realidad la educación física?
En los últimos años, otra corriente educativa trata de hacerse paso en la educación física. Los modelos pedagógicos con sus hibridaciones son un fantástico recurso para el profesorado que le ayuda a gestionar sus dinámicas de aula, que le ordena el diseño de sus progresiones de aprendizaje, que le dicta la temporalización de las sesiones. En definitiva, pone el foco en facilitar la acción del docente, dándole al profesorado la receta y los recursos necesarios para llevar a cabo su labor docente. Sin embargo, si hablamos de la educación física curricular, es necesario preguntarse ¿qué es lo que aprende el alumnado cuando vivencia estas sesiones de educación física? ¿la aplicación de estos modelos le aporta realmente aprendizajes propios y específicos de la educación física o se podrían aplicar a otra asignatura del curriculum educativo? ¿Es realmente lo motriz el eje vertebrador? ¿los aprendizajes del alumnado surgen de la vivencia de la acción motriz? Y esta es la clave. La pertinencia de educación física. Porque realmente la pregunta que debemos hacernos antes de abrazar estas nuevas tendencias, y a la que ya dio respuesta el profesor Alfredo Larraz, es ¿qué es lo que debe aprender el alumnado en la clase de educación física?
Para dar respuesta a esta pregunta situamos al alumnado, a su aprendizaje y a su desarrollo como persona que vive en sociedad en el centro. Y es que, a partir de una comprensión de la educación física como la pedagogía de las conductas motrices, podemos dar respuesta a esta pregunta sin temor a equivocarnos: la acción motriz es la punta de lanza de una educación física con significado para el alumnado.
Y ahora sí podemos diseñar nuestra acción docente del día a día, sí podemos diseñar situaciones de aprendizaje coherentes y pertinentes, sí podemos temporalizar nuestras sesiones en función de este aprendizaje. Porque nuestro faro es el desarrollo de la conducta motriz de nuestro alumnado y la acción motriz será el camino.
Y, seguramente, los lectores que hayan llegado hasta aquí se estarán cuestionando que la distancia entre estas afirmaciones y su aplicación en aula hay un gran salto. Sin embargo, tan solo es necesario replantearse las dinámicas que hemos llevado a cabo durante años en las sesiones de educación física, heredadas de reminiscencias de otras épocas, para dar paso a esta nueva visión. Tan solo hay que repensar los diseños de las sesiones, sin parar de cuestionarse ¿qué es lo que aprende el alumnado en esta dinámica, tarea o situación? ¿realmente estos aprendizajes parten de la acción motriz? Y quizá para muchos suponga que los pilares de su conocimiento y sobre los que reposan años de experiencia docente se tambaleen. Pero no es algo negativo, se trata de avanzar y evolucionar para reivindicar, dentro de un contexto educativo, la necesaria presencia de la educación física en las aulas como la única asignatura que vela por el desarrollo integral del alumnado, donde implicamos a todas las dimensiones de la personalidad de nuestros estudiantes desde la acción motriz. Y este cambio es de valientes.
La educación física como un ámbito de intervención legislado por una norma educativa, tiene que atender a los fines que se le otorgan en los textos normativos actuales. Las competencias específicas son un nuevo elemento en el curriculum educativo de España. Estas competencias buscan que el alumnado movilice sus aprendizajes para resolver las tareas o situaciones de aprendizaje usando los saberes básicos propios de cada materia.
Sin embargo, a pesar de que las cinco competencias específicas que se otorgan a la educación física en estos textos normativos vuelven a suponer una pérdida de identidad, hay comunidades autónomas, que en las concreciones de dichos textos han logrado interpretar dichas competencias situando a la acción motriz como eje vertebrador. Comunidades autónomas como Euskadi o Aragón sitúan el desarrollo de la conducta motriz en el centro del proceso de aprendizaje de la educación física, y establecen una ordenación de situaciones motrices en función de los dominios de acción motriz. Gracias a ello, es relativamente sencillo establecer los saberes básicos de cada dominio de acción, pues tan solo habrá que atender a los principios operacionales por lo que se rige cada familia de prácticas motrices.
Por otra parte, además de la competencia específica propia y pertinente sobre la acción motriz, la acompañan en el curriculum educativo otras cuatro competencias específicas, que solo son comprensibles tomando como punto de partida la acción motriz. Los juegos populares y los deportes tienen un innegable vinculación con la cultura de los territorios, la vivencia emocional durante el desarrollo de la acción motriz varía no solo en función de los dominios de acción sino también en función del rol que se desarrolle en el juego entre otros factores; la evidente vinculación con el desarrollo de la salud en su más amplio concepto y la relación con la sostenibilidad que debe tener de forma trasversal cualquier asignatura del curriculum educativo actual.
Por ello, animo a los lectores a repensar la educación física en sus territorios, a buscar la especificidad que nos da la identidad propia de la educación física, a abrazar a la educación física para quererla desde su pertinencia, a valorar esa identidad que nos hace únicos y necesarios en el sistema educativo. La acción motriz como punta de lanza de la educación física.